Artes de México

La lucha libre, arena de iniciación

Margarita de Orellana


Son muchas las vertientes que vale la pena explorar de la lucha libre mexicana. Una de ellas, que es fundamental, es averiguar cuáles son los aspectos significativos que la han arraigado a la cultura de este país. Se trata de una pregunta difícil que los autores de estos dos números de Artes de México dedicados a la lucha libre nos ayudan a responder, y nos acercan además a la comprensión y al aprecio de sus particularidades.


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Quizá Artes de México se inscriba en lo que la aguda antropóloga Adela Santana llama “la segunda ola del renacimiento cultural de la lucha libre”. Si bien incluimos este deporte-espectáculo a uno de nuestros temas protagónicos, los cuales forman ya una especie de enciclopedia de la cultura mexicana, es interesante señalar lo que nos distingue del superficial “festín de los símbolos”, como ella recrimina a algunos intelectuales interesados en el tema. Buscamos en estudios profundos el análisis desde diversas perspectivas, y nos adentramos en algunos aspectos de la realidad, a veces cruda y compleja, de este universo. Es una larga tarea que parece en momentos infinita, pero necesaria. Utilizamos conceptos y lenguajes de diversas disciplinas sociales, del arte y la literatura, sin dejar de lado al periodismo.


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Después de repasar algunos trabajos sobre este deporte-espectáculo, nos dimos cuenta de que el texto clásico de Roland Barthes de 1957 sobre el catch, nos ayuda a comprender por qué nuestra lucha libre es más hija de ese catch francés que del box, del judo o del mismo wrestling americano. Para este original pensador, el catch es el gran espectáculo del dolor, la derrota y la justicia. El público se conecta fácilmente con la naturaleza espectacular del combate y entiende con claridad lo que está en juego. Para los mexicanos, no es difícil entender esta mezcla de gran teatralidad ritual con un gran duelo. Dicha reflexión nos ayuda a no caer en el error de pensar la lucha libre solamente como un deporte de competencia. El brillante ensayo de Roland Barthes requería una nueva traducción que fuera más fiel a su sutileza y claridad de pensamiento.


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También quisimos incursionar más en la historia de las mujeres luchadoras. Su camino en el combate se vio muchas veces obstaculizado. Una breve revisión de las trayectorias de algunas damas del cuadrilátero y la historia de vida de Lady Maldad nos muestran esta fuerte presencia femenina, muchas veces estigmatizada, en la lucha libre.


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Siempre interesados en el arte popular, no podía faltar un texto sobre las figurillas de plástico que representan a los diversos ídolos de la lucha. Como lo señala el autor de este escrito, “nunca un juguete tan barato y sencillo fue más hermoso”. El divertido cuento sobre El Santo, una chamarra roja y una más- cara en disputa, nos habla de lo que un escritor puede imaginar a raíz de su pasión por la lucha libre. Con él cierra esta edición de referencia. Y así, quienes nos hemos introducido en este fascinante mundo, invitamos a quienes no lo conocen a iniciarse en su conocimiento y a darse el tiempo de disfrutar aún más un combate ritual en cualquiera de sus arenas.


Pueden conseguir el número aquí.