Paul Westheim

La pelona de las calaveras mexicanas es una muerte de rasgos muy humanos. Aparece como don Quijote montado sobre Rocinante, como forajido, ciclista, torero, albañil; con sombrero a la última moda,con barbas ondeantes o con bigotes a la Kaiser. De ningún modo es un espantajo, una alusión al inevitable fin; no es más repugnante ni más espantosa que los hombres. (…)
La calavera mexicana no es extrahumana, ni sobrehumana, no tiene nada de fantasma; por lo tanto, no estimula a la fantasía a girar morbosamente en torno a lo macabro. Esa muerte de las calaveras no es la demoniaca adversaria del hombre, es más bien su contrincante en un juego en que ambos juegan limpio.
Este texto aparece en Artes de México núm. 67 Día de muertos II Risa y Calavera.