Ciudad de los jardines: la arquitectura de San Luis Potosí

Francisco Javier Cossio Lagarde

El más antiguo plano de San Luis Potosí es el trazo sencillo (que bien puede ser con lo que Juan de Oñate iniciara el desempeño de su autoridad) de las calles y la delimitación de solares otorgados a los primeros pobladores. Aparecen ahí diecinueve manzanas, separadas las calles bajo hilos tirados a cordel, como solían hacer sus planeaciones los cartógrafos de aquel entonces; también se muestra una manzana destinada a “plaza”, ubicada casi en el centro de la retícula, así como un pequeño poblado, un arroyo y una gran charca.

Plano horizontal de la ciudad de San Luis Potosí. Tomado del de don Manuel Muraga por don Mariano Vildósola, 1771.

El asentamiento de la población fue seguramente elegido porque ofrecía mejores condiciones de vida que otros sitios más cercanos a las generosas minas recién descubiertas. Después, el proceso natural de expansión, aculturación y conquista, hizo que más y más familias, tanto de peninsulares como de naturales de la región, se establecieran en un pueblo que crecería rápidamente. Archivos, planos, relatos de cronistas y viajeros, libros, pequeñas historias de provincias, permiten seguir y constatar las naturales altas y bajas de un pueblo en formación. (…)

El auge de las minas, las labores agrícolas y ganaderas, y el intenso comercio a través de caminos vecinales hacia otros centros de población, determinan el crecimiento de la ciudad. También, la presencia de más frailes evangelizadores explica la erección de conventos y templos, la aparición de plazas y rinconadas, la extensión de sus huertos que así se acercaban a los barrios. Así, a continuación de los franciscanos llegan dominicos, agustinos, jesuitas, dieguinos y mercedarios, cuyas fundaciones alteran la traza inicial con grandes atrios y plazas, huertas, sugeridas en los comentarios y las orientaciones para sus edificios. Por todo ello, las construcciones civiles se multiplican, se abren nuevas calles y surgen más barrios que se integran al tejido urbano. (…)

Postal de Juan y Arnoldo Kaiser del Palacio de Gobierno de San Luis Potosí. Primera década del siglo XX.

A ese San Luis empeñoso y austero comienzan a circundarlo una serie de construcciones, lo mismo para dar albergue a los centros de enseñanza que para instalar las instituciones de una nueva sociedad o dar cobijo a la práctica de los oficios que después propiciarían el tallado de la cantera, la pintura o la escultura con que esta ciudad habría de ensancharse en belleza. (…)

Ya en las postrimerías del siglo XIX y a principios del XX, San Luis registra un florecimiento cultural que en lo arquitectónico se manifiesta en la construcción de grandes edificios que con suma dignidad vienen a sustituir a otros de menor aliento. Así, teatros, palacios, plazas, paseos y jardines se integran armónicamente para el mayor realce del San Luis de ese tiempo; todo ello dejando intocada la traza de la ciudad virreinal y logrando un conjunto singular y equilibrado.

Edificio porfiriano de finales del siglo XIX. Fotografía: Ricardo J. Garibay / Artes de México.

(…) Al abrir la Universidad su Facultad de Humanidades, en San Luis Potosí se inicia un movimiento cultural que no tardaría en verse igualado por un vigoroso desarrollo urbano. Ambos hechos explican la tensión entre dos fuerzas y conciencias que parecerían antagónicas ahora: por un lado, el crecimiento de la ciudad, frecuentemente desordenado, debido a muy complejas y casi irresistibles tendencias económicas, políticas y sociales: por otro, una creciente conciencia y correcta valoración de nuestra historia y los valores arquitectónicos de la ciudad. (…)

Quizá solamente la memoria y la sensibilidad nos permitan aproximarnos al pasado con delicadeza. Ello me permite vencer alguna resistencia a expresarme en primera persona para recordar el lejano San Luis que albergara mi nacimiento, frente a la iglesia del Carmen, en una casa que ya no existe, pues fue demolida con toda la manzana para levantar ahí la actual plaza del Carmen (…)

Vista lateral del edificio del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes. Fotografía: Ricardo J. Garibay / Artes de México.

De esta suerte, el recorrido de los barrios se volvía siempre un placer y ofrecía alguna sorpresa, pues parecía que nunca se acababa de conocer la ciudad. Unas veces la mole de un convento, otras el elaborado encaje de piedra de una fachada, un atrio, una torre, una plaza recolecta, un jardín o una cúpula, aparecían como novedad. A todo lo envolvía un aire de misticismo o poesía en un San Luis que entonces se conocía como la “ciudad de los jardines”.

De tal modo aprendí a distinguir las características de edificios, calles y plazoletas; además, también entendí a los habitantes de cada barrio, sus gustos, tradiciones, afectos, aspiraciones e inquietudes. Aún es posible notar cómo, a partir de las importantes construcciones que rodean los frentes de la plaza del barrio (templo, escuela, casa municipal, comercios, etcétera), las calles se prolongan para mostrarnos las casas en las que dominan los “macizos” sobre los “vanos”. Hay una bella armonía entre la distribución de los vanos de las ventanas, felizmente enrejadas y enmarcadas con cantera. (…)

Edificio Ipiña. Principios del siglo XX. Fotografía: Ricardo J. Garibay / Artes de México.

En cuanto a los balcones, tanto los aislados como los corridos a lo largo de la fachada, que tanto han caracterizado a nuestra arquitectura, prologaban hacia las calles bellas salientes que además de ganar amplitud al propio asiento del balcón rompían con acierto la rigidez. Los barandales de los balcones, de fierro bellamente forjado en su mayoría, deben mencionarse de modo muy especial.

Por los años que ahora recuerdo y que marcan mi despertar a las características urbanas de San Luis, la ciudad era austera, aún novohispana y un tanto levítica. Acababa ésta de sufrir la agitada etapa de la Revolución y se acomodaba a nuevos modos de vivir, aun cuando seguía engalanándose al celebrarse las fiestas patrias o la de los santos patrones de sus barrios en los que, a través de su peculiar fisonomía, se adivina aún el sentimiento creativo de su gente, como relejo del inconfundible carácter de sus hombres y su arquitectura.

 

Francisco Javier Cossio Lagarde. Arquitecto, Director de la Casa de Cultura de San Luis Potosí, miembro del Consejo Nacional para la Defensa del Patrimonio Cultural, miembro del Instituto de Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México y fundador y primer presidente del Colegio de Arquitectos de San Luis Potosí.

 

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Este texto, en su versión completa “Notas de un arquitecto”, se reproduce en el número 18 de la Revista Artes de México, La ciudad de San Luis Potosí. Adquiere la revista a través del siguiente enlace y conoce más sobre el estado de San Luis Potosí y su arquitectura.

18. La ciudad de San Luis Potosí

 


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