Margarita de Orellana

Las figuras de animales y personas, reyes, santos y ángeles de juguetería que recorren las páginas del número 81 de Artes de México. El arte tradicional del nacimiento, acuden todas a una cita anual: vienen a representar la escena que, en la religión católica, celebra el nacimiento de Dios. Se les llama simplemente “nacimientos”. Son versiones mexicanas, populares, mayoritariamente artesanales, de esa escena primordial tan pintada y esculpida en el arte de todos los países cristianos. Fueron hechas por artífices de Michoacán, Oaxaca, Chiapas Puebla, Chihuahua, Estado de México, etcétera. Las han realizado por generaciones, la gracia y el ingenio son constantes en ellas. Cada artesano les imprime características de su región: por ejemplo, vistiendo a sus personajes de acuerdo con la usanza de cada pueblo o introduciendo sus instrumentos de trabajo, sus paisajes, etcétera. Pero todos expresan de forma ingeniosa su fervor y alegría por la Navidad y su significado.

Nacimiento de figuras de trapo con trajes y bordades a mano. Uruapan, Michoacán, elaborado por Martha Morales. Fotografía: D.R.©Francisco Kochen.

Pero, ¿qué es lo que hace tan especiales nuestros nacimientos? Carlos Pellicer dijo alguna vez que los mexicanos somos muy teatreros y que quizá eso es lo que nos mueve a celebrar la Navidad con estas escenas entrañables. Probablemente tenga razón. La tradición de los nacimientos, introducida por los frailes desde el siglo XVI, caló profundamente en los habitantes de esta tierra. En ese entonces las representaciones plásticas del nacimiento del niño Jesús aparecían en los retablos y en los frescos de las iglesias. Pero también había otras formas de transmitir el fervor navideño: canciones que los frailes traducían del náhuatl para acercar a los indígenas al significado de la epifanía. Miguel León-Portilla nos narra, en este número de Artes de México, cómo se apropiaron los indígenas de esta celebración con danzas, música, escenificaciones teatrales. Desde entonces arraigó en la imaginación de todos los mexicanos esta manifestación del sentimiento religioso que sigue viva en nuestras culturas. Y se deja ver, en parte, en las ingeniosas figuritas que cada año aparecen en diversos mercados de los pueblos y ciudades de la República. Los cantos que nos presenta León-Portilla tienen una gracia semejante a las figuras que atraviesan estas páginas. Graciela Romandía nos cuenta cómo en el siglo XVIII, los mercados de la víspera de Navidad eran un hervidero de formas, colores y sabores, y que las muchedumbres venían a buscar esas figuritas y otros adornos para celebrarla. Los nacimientos o belenes había llegado de Europa en ese tiempo y todos querían poseer uno.

Escena de nacimiento en Quetzalan, (San Andrés Tzicuilan), Puebla, elaborado por Eugenio e Inés Méndez Navarro. Fotografía: D.R.©Francisco Kochen.

Este ejemplar es también un pequeño tributo al poeta Carlos Pellicer, ese infatigable creador de nacimientos, quien participó activamente en 1965 en la elaboración del número 72 de la antigua Artes de México, dedicado a este tema. Ahí afirmaba que poner sus nacimientos y compartir ese placer con los demás era lo más importante que había realizado en su vida porque se trataba de un profundo y humilde acto religioso. Este ejemplar, casi cuarenta años después, ha sido coordinado por una persona que, como Pellicer, mantiene viva esta tradición y comparte generosamente con nuestros lectores una parte pequeña de sus colección y, sobre todo, su entusiasmo por mantener viva esa costumbre que heredó de su madre y su abuela: Celia Chávez de García Terrés. Ella no sólo colecciona estas piezas, sino que sabe darles un sentido plástico al ponerlas en escena resaltando su gracia y naturalidad.

Nuestro término “nacimiento” es sinónimo de epifanía, que significa aparición de lo sagrado. Aparición del niño Dios en el mundo profano. Ésa es la clave y la escena centrar de todo nacimiento o Belén. Artes de México quisiera mostrar cómo algunas de estas escenas a escala, de esta gran epifanía del universo católico se han convertido en nuestro país, desde hace siglos, una epifanía artesanal. Cómo estas figuritas entrañables, saludas de las diestras manos de los artesanos, adquieren una dimensión poética. Así epifanía y poesía se llegan a conjugar en esta prolífica y variada tradición artesanal.

Vista del lago de Pátzcuaro. Nacimiento elaborado por Eloísa Vargas, María Guadalupe Martínez, Verónica Calderón, Avelino y Angélica Sánchez, entre otros. Zirahuén, michoacán. Fotografía: D.R.© Francisco Kochen.

 

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