Margarita de Orellana

Recorrer San Miguel con nuestra mirada no ocasiona una lectura de la ciudad excesivamente larga, sólo al saborear los lugares se da uno cuenta de que nosotros, lectores o caminantes, podemos moldear el tiempo. Lo podemos estirar o acortar como nos plazca. Así, San Miguel se puede recorrer con la profundidad, el goce o la velocidad que nosotros impongamos. Sus sutilezas se descubren poco a poco. Son los detalles los que dan vida al conjunto arquitectónico. Por eso es mejor detener el tiempo lo más posible para que esos detalles nos sorprendan.

Parroquia de San Miguel Arcángel. Fotografía: Jorge Vértiz / Artes de México.

San Francisco

Construida en el siglo XVIII, la fachada churrigueresca de este templo, ubicado en la calle San Francisco así como la lateral, son de las más interesantes del centro del país. Villaurrutia describía cómo el trabajo de la fachada imprimía en los planos severos de la iglesia una fugitiva danza de piedra en aquella inmovilidad. Mirándola de frente encontramos a su izquierda la Capilla de la Tercera Orden, con un campanario sencillo en forma de espadaña. Da la impresión de ser una más de las iglesias construidas en el siglo XVI, pero fue edificada en 1713. Su capilla franciscana es muy austera. El interior de San Francisco contiene un via crucis que, a distancia, parece interesante, sin embargo está tan alto que apenas si se ve. La torre que acompaña a la fachada de San Francisco es una réplica y oposición estética a la misma. Aparentemente fue construida por el famoso arquitecto Eduardo Tresguerras. Tiene encanto incluso en su contraste con el conjunto.

Plano de Atotonilco del siglo XVIII. Fue mandado a hacer por el padre Alfaro para probar la semejanza entre San Miguel y el Santuario de Jerusalén. Fotografía: Víctor Gayol / Artes de México.

El oratorio de San Felipe Neri

A una cuadra de San Francisco aparece lo que De la Maza llamó “una pequeña ciudad religiosa dentro de la ciudad civil”. Observamos cinco torres, un convento, un colegio, una plaza. La fachada rosa pálido de San Felipe es una cantera de encaje fino. Perdió, como casi todas las iglesias barrocas, sus retablos, dando paso a los apastelados retablos neoclásicos, pero conservó su gracia. Fue primero templo de los habitantes negros pero les fue arrebatado por los españoles a principios del siglo XVIII, y contiene la excepcional Santa Casa de Loreto.

En el crucero izquierdo de la iglesia se ve una gran puerta resguardada por bellas columnas salomónicas que nos dan paso a la capilla. Se trata de una imitación de la Santa Casa de la Virgen de Loreto que, según la creencia, fue la casa de la Virgen María transportada por san Miguel y otros ángeles desde Jerusalén a Italia.

Detrás de la capilla se encuentra el camarín de la Virgen. Es una joya barroca milagrosamente salvada. Según De la Maza conserva su hechizo colonial. Se trata de una sala octagonal con retablos barrocos. Los ojos no se cansan, ni se detienen ante tanta riqueza dorada. Vale la pena tomarse su tiempo contemplándola. Es tal vez el tesoro virreinal más notable de la ciudad.

Cúpula de Las Monjas, convento de la Concepción, siglo XVIII. Fotografía: Artes de México.

Al salir de San Felipe Neri, del lado izquierdo, se ve la plaza de Nuestra Señora de la Salud. Unos pasos y podemos admirar la fachada cubierta por una enorme concha de piedra. Fue construida por el mismo padre Alfaro para la escuela de junto, la de San Francisco de Sales, por la que pasaron personajes importantes de la cultura y la historia, como Benito Díaz de Gamarra, el mismo padre Alfaro, Ignacio Allende e Ignacio Aldama, nuestro próceres de la Independencia. Aquí se enseñó por primera vez en México “la filosofía moderna”. Una característica de La Salud es que tiene un altar dedicado a santa Cecilia, la santa de la música. El 22 de noviembre, día de su fiesta, viene todo tipo de músicos de la región a celebrarla.

Las monjas

Bajando desde la plaza por la calle de De la Canal y a la derecha por Hernández Macías, se encuentra el convento de la Concepción, popularmente conocido como Las Monjas. Josefina Lina de la Canal, hija del benefactor De la Canal lo construyó para sí misma y unas cuantas monjas más.

El claustro del convento alberga hoy el Centro Cultural Ignacio Ramírez, El Nigromante, es decir Bellas Artes. En él se encuentran algunos murales de pintores nacionales y extranjeros. Pedro Madínez realizó las tejedoras y el vampiro, y Eleanor Coen una escena de pueblo; también se encuentra uno de Siqueiros sin acabar, que se supone iba a ser sobre la vida de Ignacio Allende. La cúpula es una mala copia de los Inválidos de París, que tampoco es uno de los edificios más bonitos de esa ciudad. El coro de la iglesia conserva su reja de hierro forjado con un retablo hermoso y pinturas de Juan Rodríguez Juárez. El Instituto Allende y el teatro Ángela Peralta, sobre la Ancha de San Antonio, a una media cuadra del Nigromante, son otros ejes culturales importantes de la ciudad.

Claustro del convento de La Concepción. Fotografía: Marco Antonio Pacheco / Artes de México.

 

Capillas de la Cuenca del Río Laja

Aunque este recorrido azaroso toque de alguna forma algunos de los lugares más atractivos de San Miguel, vale la pena, si se tiene algún tipo de trasporte, aventurarse a un mundo fascinante que se encuentra fuera de San Miguel. Se trata de unas siete u ocho decenas de capillas pequeñas, con varios cientos de años, que se encuentran a lo largo de la cuenca del río Laja y de sus afluentes San Juan y San Marcos. Muchas de ellas están abandonadas. Por ejemplo en medio de la presa seca aparece, como en espejismo, una capilla casi en ruinas que llaman Agustín González.

En otra capilla, situada a 20 minutos a pie de ésta, se encuentra otra del mismo nombre, con una torre en donde cada ángulo está cubierto por un angelito músico, casi siempre decapitado. Cada una de estas capillas tiene su personalidad, su gracia y una historia desconocida para el visitante curioso. Están bautizadas con los nombres de los lugares en donde se encuentran, como Ciénega de Juan Ruiz, San Isidro el Capadero, San Antonio de la Joya, San Isidro de Bandita, Barrio de las Cuevitas o El Salitre.

La más conocida es la de San Miguel el Viejo, porque aquí nació San Miguel el Grande después llamado “de Allende”. Entre 1538 y 1540, fray Juan de San Miguel construyó esta pequeña iglesia. Para llegar a esta capilla se cruza la vía férrea, cuya simpática estación está llena de historias. Su capilla no siempre se halla abierta. Sin embargo, el paseo bien vale la pena ya que cerca están otras capillas similares, algunos cascos de haciendas, puentes, y el no muy nutrido río Laja al que también cantó el poeta popular sanmiguelense Margarito Ledesma (seudónimo de Leobino Zavala)

Casa del Inquisidor. Siglo XVIII. Fotografía: Jorge Vértiz / Artes de México.

“Oh”, río de la Laja,/ que ruidoso baja,/ trayendo en sus aguas,/ troncones y naguas,/ animales muertos,/ indios medio yertos,/ becerros ahogados,/ cuerpos aventajados,/ y otros equipajes,/ que hay en los parajes,/ por ti atravesados./ Baja tu corriente,/ muy dulce y sonriente,/ cuajada de lodo,/ llevándose todo,/ lo que hay en la orilla…”

Margarita de Orellana, doctora en historia por la Universidad de París, autora de los libros La mirada circular, el cine norteamericano de la Revolución Mexicana 1911-1917, entre otros libros. Directora de Artes de México.

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Este texto, en su versión completa “Piedra a piedra de San Miguel”, se reproduce en el número 33 de la Revista Artes de México, San Miguel de Allende. Conoce la revista a través del siguiente enlace y descubre más sobre los recorridos de este fenómeno urbano.

33. San Miguel de Allende (Agotado)


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